Definitivamente
Yo debería dejar de jugar al severo
De todas formas
¿Qué caso tiene toda esta política de defensa?
Vos, igual,
Seguís invadiendo éste,
Mi hemisferio del colchón,
Con tu diplomático meñique
Del pie derecho, que peregrina
Por el accidentado relieve
De los dedos fugitivos de la ropa de cama.
¡Qué continúen los sobornos
Y el tráfico de influencias!
Ya decidí cederte mis colonias enteras
Y mi soberanía.
3 comentarios:
En el amor y la guerra todo se vale...
Muy bueno, me gustó bastante.
Saludos.
que buena idea esa de la soberania... jaja... me agrado el final.
me encanta
me encanta
me encanta
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