Es después de esos
Golpes a destiempo
Repentinos,
O más esperados de la cuenta,
Que la piel se vuelve frágil
Como una carta vieja
Y la capacidad de sorprenderse
Se pierde entre
Los recuerdos persistentes
De los kilómetros gastados
Con vos en las capitales
Y las cucharadas de tiempos compartidos
Ardiendo aún en la boca.
Es justo ahí,
Detrás de la lejanía
Y lo ajenos de tus frases más típicas,
Donde la palabra amor
No es más que el nombre impronunciable
De un turista extranjero.