Ojalá todo eso
que fui a escribir
al menos digno
de los bares
se hubiese quedado ahí
alzando llamas
del color indescifrable
que adquieren
los videos caseros
con las décadas.
Ojalá todo eso
que fui a escribir
al menos digno
de los bares
se hubiese quedado ahí
alzando llamas
del color indescifrable
que adquieren
los videos caseros
con las décadas.
Este espacio lo definen
las cosas que nacen muertas
cuando caen al piso
Un cadáver es un muro
en el que rebota el audio
de una muy buena película
con actores mediocres
Los cinéfilos:
dos cuerpos cualquiera
inmóviles
en el paisaje aleatorio
de esa foto 4x6’’
Que bien podríamos ser nosotros
o el par de quinceañeras sepia
imagen default
del portarretrato.
Agosto del 2011
Para alguien ya será preciso
escribir la historia de alguna puta
ambientada en el 92
La lata de un taxi del aeropuerto
amortigua la bulla amorfa
que emite el conjunto de cosas
al que llamamos Chepe
Y mantener el equilibrio
en el vinil grasoso de los asientos
secreta la dosis de adrenalina
que, en teoría,
produce volver a casa
La lata de un taxi del aeropuerto
magnifica los gemidos del datáfono
cuando el chofer pasa la misma credomatic
con la que compraste los souvenirs
Y entonces te das cuenta
de que las millas acumuladas
no son directamente proporcionales
a lo lejos que estuviste
de todos nosotros.
i
El hijo de algún hijo de nadie
espera afuera del lugar
en el que duerme-come-caga
la sentencia última
de un crimen
que no cometió solo.
ii
A sus espaldas
la más pequeña de las fachadas
es un collage descomunal
de caras conocidas
campañas atrás
y slogans desteñidos
que a estas alturas del período
nadie les encuentra sentido.
iii
Camuflaje oportuno
de supervivencia y promesas
o lo único que encontraron
para tapar los huecos.
iv
Fuma un cigarro
y no se inquieta:
la culpa no es un factor
cuando el panorama
tiene la misma amplitud
que la acera del frente
y los únicos delitos
realmente tangibles
son los hijos
de otro montón
de hijas de nadie.
En el centro de una calle muy angosta
una pareja de perros suicidas
se aferra al asfalto
y a las probabilidades
En el calor infernal
de un sedan dos puertas
entendés que la interferencia
entre su cuerpo
y la señal de radio
es probablemente el estribillo
de esa canción intermitente
con título desconocido
que te ronda en la cabeza.
De inmediato
estaba inmerso
levitando
en la distancia entre vos
y el resto de las cosas
en la vibración escueta
del piso
los tablones
de aquel bar en Escalante
cada vez que el tren
se estrellaba contra mi nuca.

En el kilómetro 103
agotó su pequeña verdad
un ceño inmóvil
que enmarca el retrovisor
después de haber entendido
los relatos paralelos al oficial
dispuestos entre paréntesis
como el cuerpo rocoso
desprendiéndose
a la orilla de la autopista.
(o todas las otras figuras
colgadas de la inmensidad
párpado adentro).